Nutrición y alimentos
Comer menos calorías de las que se gastan, de forma mantenida, es la base del tratamiento del metabólico () cuando hay sobrepeso. Reduce la grasa del hígado (), baja las y, si la pérdida de peso es suficiente, mejora la inflamación () y la . En ensayos de unos 6 meses, los programas para perder peso redujeron de media 3,6 kg más que el control, la ALT unos 10 U/l y la probabilidad de tener esteatohepatitis (OR 0,14). Cuanto mayor es la restricción, mayor es el beneficio sobre el hígado y el peso. El tipo de dieta importa menos que mantener el déficit: dietas bajas en grasa, bajas en hidratos o mediterránea consiguen resultados parecidos si reducen las calorías.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; Koutoukidis DA y cols. JAMA Internal Medicine 2019;179(9):1262–1271 (resumen en PubMed, PMID 31260026); American Gastroenterological Association (AGA). Kanwal F, Shubrook JH, Adams LA, et al. Gastroenterology 2021;161(5):1657–1669; European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Haigh L y cols. Clinical Nutrition 2022;41(9):1913–1931 (resumen en PubMed, PMID 35947894)
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La AASLD señala que distintas composiciones de dieta y distintas intensidades de restricción calórica parecen comparables para mejorar el hígado graso, y que pocos pacientes (10 % o menos) logran una pérdida de peso eficaz al año.
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Association of Weight Loss Interventions With Changes in Biomarkers of Nonalcoholic Fatty Liver Disease: A Systematic Review and Meta-analysis
22 ensayos aleatorizados con 2.588 adultos con hígado graso (15 de programas conductuales; mediana de 6 meses): las intervenciones más intensivas para perder peso lograron 3,61 kg más de pérdida, bajaron la ALT 9,81 U/l, redujeron la esteatosis (diferencia estandarizada −1,48) y la puntuación de actividad NAS (−0,92) y la presencia de esteatohepatitis (OR 0,14; IC 95 % 0,04–0,49). No hubo cambio significativo de la fibrosis en la biopsia (−0,13; IC 95 % −0,54 a 0,27).
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Clinical Care Pathway for the Risk Stratification and Management of Patients With Nonalcoholic Fatty Liver Disease
La vía clínica de la AGA destaca que la mayoría de los programas estructurados que funcionan combinan una dieta con restricción de energía y ejercicio.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía indica que la reducción de peso por restricción calórica, con o sin más actividad física, mejora enzimas hepáticas, esteatosis, MASH y fibrosis de forma dependiente de la dosis, y que las dietas hipocalóricas bajas en hidratos y bajas en grasa parecen igual de eficaces sobre la grasa hepática. Advierte de que en los ensayos el peso suele recuperarse en parte entre los 12 y los 24 meses.
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The effectiveness and acceptability of Mediterranean diet and calorie restriction in non-alcoholic fatty liver disease (NAFLD): A systematic review and meta-analysis
26 estudios con 3.037 participantes (9 de restricción calórica, 13 de dieta mediterránea y 4 de componentes de la dieta mediterránea): las intervenciones dietéticas bajaron la ALT y la AST, el índice de hígado graso, la esteatosis y la rigidez hepática. La restricción calórica mostró una relación dosis-respuesta entre el grado de restricción y la mejora de la función hepática y del peso.
La dieta mediterránea (mucha verdura, fruta entera, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva y pescado, poca carne roja o procesada y pocos azúcares) reduce la grasa del hígado y mejora la incluso sin adelgazar. En un ensayo cruzado de 6 semanas con 12 personas con comprobado por biopsia, la grasa hepática bajó un 39 % con dieta mediterránea frente a un 7 % con una dieta baja en grasa y alta en hidratos, con la misma pérdida de peso. En otro ensayo de 12 semanas con 48 personas, sin restricción de cantidades, bajó un 32 % con la mediterránea y un 25 % con la baja en grasa (diferencia no significativa), y la adherencia fue mayor con la mediterránea (88 % frente a 64 %). Es fácil de mantener a largo plazo y protege también el corazón.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; Properzi C y cols. Hepatology 2018;68(5):1741–1754 (resumen en PubMed, PMID 29729189); American Gastroenterological Association (AGA). Kanwal F, Shubrook JH, Adams LA, et al. Gastroenterology 2021;161(5):1657–1669; European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Haigh L y cols. Clinical Nutrition 2022;41(9):1913–1931 (resumen en PubMed, PMID 35947894); Ryan MC y cols. Journal of Hepatology 2013;59(1):138–143 (resumen en PubMed, PMID 23485520)
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La AASLD recuerda que la ventaja de la dieta mediterránea sobre otras en ensayos pequeños está debatida, pero que es sostenible y tiene beneficio cardiovascular.
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Ad Libitum Mediterranean and Low-Fat Diets Both Significantly Reduce Hepatic Steatosis: A Randomized Controlled Trial
Ensayo aleatorizado de 12 semanas con 48 adultos con hígado graso analizados, con dietas sin restricción de cantidades: la grasa hepática bajó de forma significativa con ambas, un 32,4 % con la mediterránea y un 25,0 % con la baja en grasa, sin diferencia entre ellas; la pérdida de peso fue mínima (unos 2 kg) y la adherencia fue mayor con la mediterránea (88 % frente a 64 %).
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Clinical Care Pathway for the Risk Stratification and Management of Patients With Nonalcoholic Fatty Liver Disease
La AGA describe la dieta mediterránea como consumo diario de verdura y fruta fresca, cereales sin azúcar ricos en fibra, frutos secos, pescado o carne blanca y aceite de oliva, con uso mínimo de azúcares simples y carne roja o procesada, y la asocia a menos esteatosis, mejor sensibilidad a la insulina y menor mortalidad.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía añade que hay poca evidencia de que mejorar la calidad de la dieta cambie los desenlaces clínicos hepáticos (nivel 3) y que la dieta mediterránea parece aportar valor añadido para reducir la grasa hepática y es más fácil de mantener.
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The effectiveness and acceptability of Mediterranean diet and calorie restriction in non-alcoholic fatty liver disease (NAFLD): A systematic review and meta-analysis
En el metaanálisis, la dieta mediterránea (13 estudios) redujo la ALT, el índice de hígado graso y la rigidez hepática; los autores concluyen que los datos, aunque limitados, apoyan que puede ser una terapia dietética eficaz.
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The Mediterranean diet improves hepatic steatosis and insulin sensitivity in individuals with non-alcoholic fatty liver disease
Ensayo aleatorizado cruzado con 12 adultos sin diabetes y con hígado graso por biopsia, 6 semanas con cada dieta: la grasa hepática medida por espectroscopia bajó un 39 % (±4 %) con la dieta mediterránea frente a un 7 % (±3 %) con una dieta baja en grasa y alta en hidratos; la pérdida de peso no fue distinta y solo la mediterránea mejoró la sensibilidad a la insulina.
Los azúcares añadidos, sobre todo la fructosa de refrescos, zumos y dulces, se transforman en grasa dentro del propio hígado. Reducirlos baja la grasa hepática: en chicos de 11 a 16 años con , limitar los azúcares libres a menos del 3 % de las calorías durante 8 semanas redujo la grasa del hígado del 25 % al 17 % (frente a 21 % a 20 % con su dieta habitual) y bajó las . Tomar refrescos 4 o más veces por semana se ha asociado a un 45 % más de riesgo de desarrollar hígado graso. Una lata de refresco de cola (330 ml) lleva unos 33 g de azúcar.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Schwimmer JB y cols. JAMA 2019;321(3):256–265 (resumen en PubMed, PMID 30667502). Registro NCT02513121; U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La AASLD indica que el consumo excesivo de fructosa aumenta el riesgo de hígado graso, de esteatohepatitis y de fibrosis avanzada con independencia de las calorías ingeridas.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía resume que los azúcares añadidos, sobre todo la fructosa y las bebidas azucaradas, se asocian a más esteatosis, más aparición de MASLD y posiblemente más riesgo de MASH, y cita una cohorte en la que 4 o más refrescos por semana se asociaron a un 45 % más de riesgo de MASLD.
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Effect of a Low Free Sugar Diet vs Usual Diet on Nonalcoholic Fatty Liver Disease in Adolescent Boys: A Randomized Clinical Trial
Ensayo aleatorizado abierto de 8 semanas en 40 chicos de 11 a 16 años con hígado graso por biopsia: la dieta con menos del 3 % de las calorías en azúcares libres (con comidas para toda la familia) bajó la grasa hepática medida por resonancia del 25 % al 17 %, frente a 21 % a 20 % con la dieta habitual (diferencia ajustada −6,23 puntos; IC 95 % −9,45 a −3,02), y redujo la ALT. Los autores consideran el resultado preliminar.
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FoodData Central (SR Legacy)
Refresco de cola normal: 9,94 g de azúcares y 10,4 g de hidratos de carbono por 100 g, sin fibra.
El ayuno intermitente funciona en el porque ayuda a comer menos, no por el horario en sí. En un ensayo chino con 88 adultos con obesidad, comer solo entre las 8 y las 16 h con una dieta de 1.200–1.800 kcal bajó la grasa del hígado unos 8 puntos a los 6 meses, igual que la misma dieta repartida a lo largo del día. En un ensayo sueco, la dieta 5:2 (dos días a la semana con muy pocas calorías) redujo la grasa hepática 6,1 puntos y el peso 7,4 kg en 12 semanas, frente a 3,6 puntos y 2,5 kg con el consejo habitual, y mejoró la rigidez del hígado. Es una opción válida si a la persona le resulta más fácil de seguir.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Wei X y cols. JAMA Network Open 2023;6(3):e233513 (resumen en PubMed, PMID 36930148). Registros NCT03786523 y NCT04988230; Holmer M y cols. JHEP Reports 2021;3(3):100256 (resumen en PubMed, PMID 33898960)
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La AASLD incluye el ayuno intermitente entre los cambios de dieta que parecen comparables entre sí para mejorar el hígado graso.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía describe la alimentación con horario restringido (ayuno intermitente) como estrategia nueva y señala que hay muy poca evidencia de que sea mejor que la restricción calórica habitual para reducir la grasa hepática en MASLD; recomienda tener en cuenta las preferencias de cada persona para mejorar la adherencia.
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Effects of Time-Restricted Eating on Nonalcoholic Fatty Liver Disease: The TREATY-FLD Randomized Clinical Trial
Ensayo aleatorizado de 12 meses en 88 adultos con obesidad e hígado graso (edad media 32 años): comer entre las 8:00 y las 16:00 frente a horario habitual, ambos con 1.500–1.800 kcal/día (hombres) o 1.200–1.500 (mujeres). La grasa hepática bajó 8,3 frente a 8,1 puntos a los 6 meses y 6,9 frente a 7,9 a los 12 meses, sin diferencias; la rigidez hepática, el peso y los factores metabólicos mejoraron por igual.
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Treatment of NAFLD with intermittent calorie restriction or low-carb high-fat diet - a randomised controlled trial
En 12 semanas, la dieta 5:2 redujo la grasa hepática 6,1 puntos porcentuales (IC 95 % −8,1 a −4,2) y el peso 7,4 kg, frente a 3,6 puntos y 2,5 kg con el consejo habitual; mejoró la rigidez hepática y el LDL y se toleró mejor que la dieta baja en hidratos.
Reducir los hidratos de carbono, sobre todo los refinados, ayuda a perder grasa del hígado cuando también reduce las calorías. En un ensayo sueco con 74 personas con , 12 semanas de dieta baja en hidratos y alta en grasa bajaron la grasa hepática 7,2 puntos y el peso 7,3 kg, frente a 3,6 puntos y 2,5 kg con el consejo habitual. Su efecto es parecido al de otras dietas hipocalóricas, pero en ese ensayo no mejoró la rigidez del hígado y se toleró peor que el ayuno 5:2. Las dietas cetogénicas muy estrictas (menos de 20–50 g de hidratos al día) no tienen pruebas suficientes en el hígado graso.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Holmer M y cols. JHEP Reports 2021;3(3):100256 (resumen en PubMed, PMID 33898960)
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La AASLD considera que los cambios de composición de la dieta (baja en hidratos o baja en grasa, entre otros) y las distintas intensidades de restricción calórica parecen comparables para mejorar el hígado graso, y aconseja limitar los hidratos refinados.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía indica que las dietas hipocalóricas bajas en hidratos y bajas en grasa parecen igual de eficaces para reducir la grasa hepática, y que no hay evidencia suficiente sobre la eficacia ni la seguridad de las dietas cetogénicas muy bajas en hidratos (menos de 20–50 g al día) en MASLD, por posibles efectos cardiovasculares, renales y de otro tipo.
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Treatment of NAFLD with intermittent calorie restriction or low-carb high-fat diet - a randomised controlled trial
Ensayo aleatorizado abierto con 74 personas con hígado graso durante 12 semanas: la dieta baja en hidratos y alta en grasa redujo la grasa hepática 7,2 puntos porcentuales (IC 95 % −9,3 a −5,1) y el peso 7,3 kg, frente a 3,6 puntos y 2,5 kg con el consejo del hepatólogo. No hubo diferencia con la dieta 5:2, la rigidez hepática no mejoró en este grupo y la dieta 5:2 se toleró mejor.
Los ultraprocesados (bollería, galletas, snacks, refrescos, platos preparados, embutidos y carnes procesadas) suelen ser ricos en azúcares, grasa saturada y calorías. Comer muchos se asocia a más riesgo de : en un metaanálisis de 10 estudios con más de 513.000 personas, el consumo más alto se asoció a un 22 % más de riesgo que el más bajo, y cada 10 % más de ultraprocesados en la dieta, a un 6 % más. Son estudios observacionales, así que no demuestran causa, pero las guías europeas recomiendan limitarlos.
Fuente: European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Zhang J, Shu L, Chen X. Frontiers in Nutrition 2025;12:1631975 (resumen en PubMed, PMID 40717999)
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía cita los ultraprocesados y la carne roja y procesada entre los factores de la dieta asociados al riesgo de MASLD en estudios observacionales, y propone como ejemplos de alimentos sin procesar o mínimamente procesados la verdura, la fruta entera, los lácteos bajos en grasa, los frutos secos, el aceite de oliva, las legumbres y el pescado y el pollo sin procesar.
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Ultra-processed foods and non-alcoholic fatty liver disease: an updated systematic review and dose-response meta-analysis
10 estudios observacionales con 513.440 participantes y 20.637 casos de hígado graso: el consumo más alto de ultraprocesados se asoció a un 22 % más de riesgo (RR 1,22; IC 95 % 1,14–1,31) y cada aumento del 10 % en su consumo a un 6 % más (RR 1,06), con heterogeneidad alta. Los autores piden estudios longitudinales para confirmar la causalidad.
El tipo de grasa importa para el hígado. Con las mismas calorías, la grasa saturada (mantequilla, nata, embutidos, carnes grasas, aceite de palma) hace que el hígado acumule más grasa que la insaturada (aceite de oliva, aceites de semillas, frutos secos, pescado). En adultos con obesidad abdominal, 10 semanas con aceites vegetales poliinsaturados en lugar de grasa saturada (sobre todo mantequilla), sin cambiar las calorías, dejaron entre un 16 % y un 34 % menos grasa en el hígado. En adultos con sobrepeso que comieron de más durante 8 semanas, la grasa del hígado subió un 50 % con aceite de palma y no aumentó con aceite de girasol, con el mismo aumento de peso. Por cada 100 g, la mantequilla tiene 51 g de grasa saturada y el aceite de oliva 14 g.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Bjermo H y cols. American Journal of Clinical Nutrition 2012;95(5):1003–1012 (resumen en PubMed, PMID 22492369). Registro NCT01038102; U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service; Rosqvist F y cols. (LIPOGAIN-2). Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism 2019;104(12):6207–6219 (resumen en PubMed, PMID 31369090)
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La AASLD explica que un exceso de calorías, sobre todo de grasa saturada, hidratos refinados y bebidas azucaradas, se asocia a obesidad e hígado graso.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía indica que la grasa saturada ha mostrado un efecto negativo sobre la esteatosis en varios ensayos clínicos a corto plazo y la incluye entre lo que se debe reducir dentro del patrón mediterráneo.
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Effects of n-6 PUFAs compared with SFAs on liver fat, lipoproteins, and inflammation in abdominal obesity: a randomized controlled trial
Ensayo aleatorizado de 10 semanas en 67 adultos con obesidad abdominal (61 terminaron), con dietas de igual contenido calórico: con grasa poliinsaturada n-6 de aceites vegetales la grasa hepática fue menor que con grasa saturada (sobre todo de mantequilla), con una diferencia relativa del 16 % por resonancia y del 34 % por espectroscopia, sin diferencias de peso y sin signos de inflamación.
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FoodData Central (SR Legacy)
Por 100 g: mantequilla con sal, 51,4 g de grasa saturada; aceite de oliva, 13,8 g de grasa saturada, 73,0 g de monoinsaturada y 10,5 g de poliinsaturada.
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Overeating Saturated Fat Promotes Fatty Liver and Ceramides Compared With Polyunsaturated Fat: A Randomized Trial
Ensayo doble ciego en 61 adultos con sobrepeso u obesidad a los que se añadieron 8 semanas magdalenas con aceite de palma (saturada) o de girasol (poliinsaturada): con un aumento de peso similar (unos 2 kg), la grasa saturada subió la grasa hepática un 50 %, las enzimas hepáticas y los lípidos aterogénicos, mientras que la poliinsaturada no aumentó la grasa del hígado. Los efectos de la saturada se revirtieron con 4 semanas de restricción calórica.
Tomar café de forma habitual, con o sin cafeína, se asocia a menos y menos . En personas con , quienes beben café tienen alrededor de un 30–35 % menos de probabilidad de fibrosis significativa. En la población general, cada 2 tazas diarias más se asocian a un 44 % menos de riesgo de cirrosis. La relación con tener o no hígado graso es menos clara. Las guías estadounidenses hablan de 3 tazas o más al día si no hay contraindicaciones; como son estudios observacionales, no se puede asegurar que el café sea la causa. Sin azúcar ni nata, una taza apenas aporta calorías.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; Wijarnpreecha K, Thongprayoon C, Ungprasert P. European Journal of Gastroenterology & Hepatology 2017;29(2):e8–e12 (resumen en PubMed, PMID 27824642); European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); Ebadi M y cols. Nutrients 2021;13(9):3042 (resumen en PubMed, PMID 34578919); U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service; Kennedy OJ y cols. Alimentary Pharmacology & Therapeutics 2016;43(5):562–574 (resumen en PubMed, PMID 26806124)
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La AASLD se basa en estudios epidemiológicos y metaanálisis que muestran menos riesgo de hígado graso y de fibrosis, y señala que al menos 3 tazas diarias se asocian a enfermedad hepática menos avanzada.
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Coffee consumption and risk of nonalcoholic fatty liver disease: a systematic review and meta-analysis
5 estudios observacionales: los bebedores de café tuvieron menos riesgo de hígado graso (RR 0,71; IC 95 % 0,60–0,85) y, entre quienes ya lo tenían, menos fibrosis (RR 0,70; IC 95 % 0,60–0,82). La definición de consumo regular variaba entre estudios.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía afirma que, en estudios observacionales, el consumo de café se ha asociado a menos daño hepático y a menos desenlaces hepáticos en adultos con MASLD; la asociación es más fuerte para la fibrosis que para la esteatosis y, como los ensayos son escasos y negativos o no concluyentes, no se pueden sacar conclusiones firmes.
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Effect of Coffee Consumption on Non-Alcoholic Fatty Liver Disease Incidence, Prevalence and Risk of Significant Liver Fibrosis: Systematic Review with Meta-Analysis of Observational Studies
11 estudios observacionales: el café se asoció a un 35 % menos de probabilidad de fibrosis hepática significativa en personas con hígado graso (RR 0,65; IC 95 % 0,54–0,78; 5 estudios, 4.303 personas), sin asociación significativa con la aparición (RR 0,88) ni la prevalencia (RR 0,88) del hígado graso.
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FoodData Central (SR Legacy)
Café filtrado preparado con agua del grifo: 40 mg de cafeína y 2 kJ por 100 g, sin azúcares.
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Systematic review with meta-analysis: coffee consumption and the risk of cirrhosis
9 estudios (5 cohortes y 4 de casos y controles) con 432.133 participantes y 1.990 casos de cirrosis: cada 2 tazas diarias más de café se asociaron a un 44 % menos de riesgo de cirrosis (RR 0,56; IC 95 % 0,44–0,68) y a un 45 % menos de muerte por cirrosis (RR 0,55).
Los alimentos ricos en fibra (cereales integrales, avena, legumbres, verdura, fruta entera, frutos secos) forman parte de las dietas que mejoran el , como la mediterránea, y sustituyen a los hidratos refinados. Las guías los aconsejan dentro del patrón de dieta, pero no hay pruebas propias de que la fibra por sí sola reduzca la grasa del hígado. Como referencia, 100 g de copos de avena aportan unos 10 g de fibra y 100 g de lentejas cocidas, unos 8 g.
Fuente: American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Rinella ME, et al. Hepatology 2023;77(5):1797–1835; American Gastroenterological Association (AGA). Kanwal F, Shubrook JH, Adams LA, et al. Gastroenterology 2021;161(5):1657–1669; European Association for the Study of the Liver (EASL), European Association for the Study of Diabetes (EASD) y European Association for the Study of Obesity (EASO). Journal of Hepatology 2024;81(3):492–542 (publicada también en Obesity Facts 2024;17:374–444 y, como resumen ejecutivo, en Diabetologia 2024;67:2375–2392); U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service
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AASLD Practice Guidance on the clinical assessment and management of nonalcoholic fatty liver disease
La fibra aparece dentro de la recomendación de dieta, sin datos propios sobre el hígado.
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Clinical Care Pathway for the Risk Stratification and Management of Patients With Nonalcoholic Fatty Liver Disease
La AGA incluye los cereales sin azúcar ricos en fibra entre los alimentos de consumo diario de la dieta mediterránea que recomienda.
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EASL-EASD-EASO Clinical Practice Guidelines on the management of metabolic dysfunction-associated steatotic liver disease (MASLD)
La guía describe la dieta mediterránea con alto consumo de cereales integrales y legumbres y pide reducir azúcares e hidratos refinados.
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FoodData Central (SR Legacy)
Copos de avena crudos: 10,1 g de fibra total por 100 g. Lentejas cocidas sin sal: 7,9 g de fibra por 100 g.