Nutrición y alimentos
Comer bastantes frutas y verduras se asocia con menos asma y menos pitos, y hay un ensayo que sugiere que también ayuda a quien ya tiene asma: en 137 adultos, quienes pasaron a una dieta pobre en frutas y verduras (2 raciones de verdura y 1 de fruta al día como máximo) tuvieron peor función pulmonar a las 2 semanas y, a lo largo de 14 semanas, más del doble de probabilidades de sufrir una que quienes tomaban 5 raciones de verdura y 2 de fruta al día. Dar el antioxidante del tomate (licopeno) en cápsulas no sustituyó a la comida: el beneficio se vio solo con los alimentos enteros. Buenas fuentes de vitamina C son el pimiento rojo, el kiwi, el brócoli, las fresas y la naranja. Es una medida segura y sana para todos, que se suma a la medicación del asma sin reemplazarla.
Fuente: Nutrients (Hosseini B, Berthon BS, Wark P, Wood LG) 2017;9(4):341 (texto en PMC, PMC5409680; PMID 28353635); U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service; Global Initiative for Asthma (GINA); American Journal of Clinical Nutrition (Wood LG y cols.) 2012;96(3):534–543 (resumen en PubMed, PMID 22854412). Registro ACTRN012606000286549
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Effects of Fruit and Vegetable Consumption on Risk of Asthma, Wheezing and Immune Responses: A Systematic Review and Meta-Analysis
58 estudios (30 transversales, 13 de cohortes, 8 de casos y controles y algunos experimentales). En adultos y niños, comer más fruta se asoció con menos riesgo de sibilancias y de asma grave, y comer más verdura con menos riesgo de asma; 6 de 7 estudios sobre marcadores inmunitarios encontraron un efecto protector frente a la inflamación.
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FoodData Central (SR Legacy)
Vitamina C por 100 g: pimiento rojo crudo, 128 mg; kiwi verde, 92,7 mg; brócoli crudo, 89,2 mg; fresas, 58,8 mg; naranja, 53,2 mg.
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Global Strategy for Asthma Management and Prevention (2025 update)
GINA recoge que muchos estudios epidemiológicos asocian una dieta rica en frutas y verduras con menos riesgo de asma y de deterioro de la función pulmonar, y que hay alguna evidencia de que aumentarlas mejora el control del asma y reduce el riesgo de exacerbaciones.
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Manipulating antioxidant intake in asthma: a randomized controlled trial
137 adultos con asma aleatorizados a dieta rica en antioxidantes (5 raciones de verdura y 2 de fruta al día; n = 46) o pobre (≤2 de verdura y 1 de fruta; n = 91) durante 14 días, seguida de un ensayo con extracto de tomate (45 mg/día de licopeno) o placebo hasta la semana 14. Con la dieta pobre bajaron el FEV1 y la FVC (% del teórico) y subió la proteína C reactiva; el grupo de dieta pobre tuvo 2,26 veces más probabilidades de exacerbación (IC 95 % 1,04–4,91). El extracto de licopeno no cambió los resultados.
La dieta mediterránea (verduras, fruta, legumbres, cereales integrales, frutos secos, aceite de oliva y pescado) es sana y, en estudios de población, los niños que más la siguen tienen algo menos de asma y de pitos (en torno a un 15 % menos), sobre todo en los países mediterráneos. Pero en las personas que ya tienen asma no se ha demostrado que mejore el control: en un ensayo de 12 semanas en adultos solo hubo pequeñas mejoras no significativas en la calidad de vida y la espirometría, y en niños griegos con asma leve, añadir dos raciones semanales de 150 g de pescado azul a la dieta mediterránea durante 6 meses bajó un marcador de inflamación de las vías respiratorias (óxido nítrico exhalado), sin cambios en los síntomas ni en la función pulmonar. Es una buena opción para la salud general, compatible con el tratamiento.
Fuente: Journal of Human Nutrition and Dietetics (Papamichael MM y cols.) 2019;32(2):185–197 (resumen en PubMed, PMID 30378203); Pediatric Allergy and Immunology (Garcia-Marcos L y cols.) 2013;24(4):330–338 (resumen en PubMed, PMID 23578354); Journal of Asthma (Sexton P y cols.) 2013;50(1):75–81 (resumen en PubMed, PMID 23157561)
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Efficacy of a Mediterranean diet supplemented with fatty fish in ameliorating inflammation in paediatric asthma: a randomised controlled trial
64 niños griegos de 5 a 12 años con asma leve: 6 meses de dieta mediterránea con dos comidas semanales de 150 g de pescado azul cocinado frente a dieta habitual. El óxido nítrico exhalado bajó en el análisis ajustado (−14,2 ppb; IC 95 % −27,4 a −0,9) y fue limítrofe sin ajustar; no hubo diferencias en espirometría, control del asma ni calidad de vida.
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Influence of Mediterranean diet on asthma in children: a systematic review and meta-analysis
8 estudios epidemiológicos en población infantil: el tercil de mayor adherencia a la dieta mediterránea se asoció con menos sibilancias actuales (OR 0,85; IC 95 % 0,75–0,98) y menos «asma alguna vez» (OR 0,86; 0,78–0,95). En los centros mediterráneos, también con menos sibilancias graves (OR 0,66; 0,48–0,90).
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Influence of mediterranean diet on asthma symptoms, lung function, and systemic inflammation: a randomized controlled trial
Ensayo abierto de 12 semanas: 38 adultos con asma sintomática asignados a intervención intensa, ligera o control (consejo de nutricionista, material escrito y vales para comprar alimentos). La adherencia a la dieta mejoró en el grupo intenso, pero el control del asma y los marcadores inflamatorios no cambiaron; las mejoras en espirometría y en algunos dominios de calidad de vida no fueron estadísticamente significativas.
Los sulfitos son conservantes y antioxidantes que se añaden a algunos alimentos, bebidas y medicamentos (por ejemplo, vino y cerveza, frutas desecadas, gambas y otros mariscos, y productos de patata procesados). Entre un 3 y un 10 % de las personas con que los toman reaccionan a ellos, a veces con graves; el riesgo es mayor en quienes dependen de corticoides orales, tienen mucha o son niños con asma crónica. Si una persona nota que ciertos alimentos o bebidas le provocan pitos o ahogo, conviene comentarlo con el médico para confirmarlo; solo entonces tiene sentido evitarlos. Con el asma bien controlada, la sensibilidad suele disminuir y muchas veces no hace falta una evitación estricta. Otros aditivos (benzoato, tartrazina, glutamato) apenas tienen pruebas de empeorar el asma.
Fuente: Gastroenterology and Hepatology From Bed to Bench (Vally H, Misso NL) 2012;5(1):16–23 (texto en PMC, PMC4017440; PMID 24834193). Revisión narrativa; Global Initiative for Asthma (GINA)
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Adverse reactions to the sulphite additives
La mayoría de los estudios sitúan la sensibilidad a los sulfitos entre el 3 y el 10 % de los asmáticos que los ingieren. Las reacciones van desde urticaria o síntomas digestivos hasta crisis de asma y anafilaxia potencialmente mortales; parecen más expuestos los asmáticos dependientes de corticoides, los que tienen gran hiperreactividad bronquial y los niños con asma crónica. La exposición viene sobre todo de alimentos y bebidas, pero también de medicamentos y del entorno laboral.
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Global Strategy for Asthma Management and Prevention (2025 update)
GINA menciona que los sulfitos (conservantes de alimentos y medicamentos presentes, por ejemplo, en patatas procesadas, gambas, frutas desecadas, cerveza y vino) se han implicado a menudo en exacerbaciones graves, y que la probabilidad de reacción depende del alimento, la cantidad y forma de sulfito residual y la sensibilidad del paciente. Hay poca evidencia de que benzoato, tartrazina o glutamato monosódico empeoren el asma.
La alergia a un alimento rara vez es la causa de que el empeore, y ocurre sobre todo en niños pequeños; por eso no se deben quitar alimentos «por si acaso» sin un diagnóstico. Pero cuando la alergia alimentaria está confirmada es importante: en niños, tenerla se asoció con unas 6 veces más riesgo de sufrir una tan grave que necesitó respiración asistida, y GINA la considera un factor de riesgo de muerte por asma. Si se confirma, hay que evitar ese alimento, tener un plan para la anafilaxia y que el asma esté bien controlada, con seguimiento por un especialista. El diagnóstico debe hacerlo un profesional (historia clínica, pruebas y, a menudo, una provocación oral supervisada).
Fuente: Journal of Allergy and Clinical Immunology (Roberts G, Patel N, Levi-Schaffer F, Habibi P, Lack G) 2003;112(1):168–174 (resumen en PubMed, PMID 12847494); Global Initiative for Asthma (GINA)
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Food allergy as a risk factor for life-threatening asthma in childhood: a case-controlled study
19 niños de 1 a 16 años que necesitaron ventilación mecánica por una crisis de asma comparados con 38 controles con crisis no graves. Tras el análisis multivariante, la alergia alimentaria (OR 5,89; IC 95 % 1,06–32,61) y los ingresos frecuentes por asma (OR 9,85) se asociaron de forma independiente con las crisis con riesgo vital; la mitad de los casos tenían alergia alimentaria frente al 10 % de los controles.
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Global Strategy for Asthma Management and Prevention (2025 update)
GINA indica que la alergia alimentaria como desencadenante del asma es poco frecuente y se da sobre todo en niños pequeños, y que la alergia alimentaria confirmada es un factor de riesgo de mortalidad por asma.